jueves, 17 de diciembre de 2009 | By: David Pardo

¿Por qué soy anarquista? - Rudolf Rocker

El sábado pasado iba paseando por la calle y vi tirado en el suelo lo que me pareció una revista, estaba toda negra por los coches que habían pasado por encima de ella, vi de pasada la palabra Libertad escrita en rojo pero pase de largo, me daba vergüenza cogerla (que tontería) así que pasé de ella y cuando estaba apunto de llegar a casa me di cuenta de lo absurdo de no haberla cogido, pensaba que me podía estar perdiendo algo importante por no superar mi vergüenza y haberlo cogido, así que me di la vuelta y fui a recogerlo. Resulto ser una revista de Tierra y Libertad un monográfico dedicado a Rudolf Rocker menuda sorpresa¡¡¡ en casa limpié las hojas y empecé la lectura. Pongo uno de sus escritos… ¿Por qué soy anarquista?...

¿Por qué soy anarquista?

Soy anarquista, no porque crea en un futuro milenio en donde las condiciones sociales, materiales y culturales serán absolutamente perfectas y no necesitarán ningún mejoramiento más. Esto es imposible, ya que el ser humano mismo no es perfecto y por tanto no puede engendrar nada absolutamente perfecto. Pero creo en un proceso constante de perfeccionamiento, que no termina nunca y sólo puede prosperar de la mejor manera bajo las posibilidades de vida social mas libres imaginables. La lucha contra toda tutela, contra todo dogma, lo mismo si se trata de una tutela de instituciones o de ideas, es para mí el contenido esencial del socialismo libertario. También la idea más libre está expuesta a este peligro, cuando se convierte en dogma y no es accesible ya a ninguna capacidad de desenvolvimiento interior. Donde una concepción se petrifica en dogma muerto, comienza el dominio de la teología. Toda teología se apoya en la creencia ciega en lo firme, lo inmutable, y lo irreductible, que es el fundamento de todo despotismo. A dónde llega eso, nos lo muestra hoy la URSS(*), donde incluso se prescribe al hombre de ciencia, al poeta, al músico y a los filósofos lo que deben pensar y crear, y eso en nombre de una teología de Estado omnipotente, que excluye todo pensamiento propio e intenta introducir con todos los medios despóticos la era del hombre mecánico.

Que también en nuestras filas hay seres que han sido atacado por esta peste y que quieren prescribir a cada uno lo que debe pensar, no es ciertamente alentador, pero tampoco debe asustarnos. Lo mejor que debe hacerse es no tener en cuenta tales pretensiones jactanciosas y seguir tranquilamente el propio camino. Ninguno de nosotros, ni siquiera el mejor, tiene para ofrendar verdades absolutas, pues no existen. Las ilusiones sólo cumplen su cometido cuando están inspiradas por el espíritu de la tolerancia y de las comprensión humana y no pretenden ninguna infalibilidad. Si no es así, todas las discusiones son infecundas y sólo se pierde en ellas un tiempo que podría ser mejor empleado.

Jamás en mi vida he estado tan firmemente persuadido como lo estoy hoy de la exactitud interior de nuestras concepciones. Justamente por eso, cuando un nuevo absolutismo brutal del pensamiento amenaza envenenar todas las ramas de la vida social, es preciso defender con todas las fuerzas el gran tesoro ideal de nuestros precursores. Pero eso no se hace elevando cada frase de nuestros grandes pensadores (escrita hace 100 años e incluso hace 50 años), con encarnizamiento unilateral, a la categoría de una verdad absoluta, sino aplicando a todos los nuevos problemas de la era novísima la filosofía de la libertad, y buscando para ella actuación práctica. El anarquismo no es un sistema cerrado de ideas sino una interpretación del pensamiento que se encuentra en constante circulación, que no se puede oprimir en un marco firme si no se quiere renunciar a él. Esto es lo que sostuvo siempre Max Nettlau y lo que no deberíamos olvidar nunca. Cada uno de nosotros no es más que un ser humano, y como tal expuesto al error. Todos aprendemos solamente por las experiencias, los unos más, los otros menos. Pero los pequeños o grandes Papas que nos quieren prescribir lo que debemos pensar, no tienen felizmente todavía ningún valor en el movimiento libertario. La línea pura se adapta a los hombres del Kremlin y a sus adeptos, pero no ciertamente a nosotros. Por esta razón habría que examinar toda opinión y respetarla, mientras surja de una convicción honrada. El que se estima a sí mismo, estima también a los otros. Este es el fundamento natural de todas las relaciones humanas, lo único que es obligatorio también para nosotros.
 
(*) Téngase en cuenta que este texto fue escrito mucho antes de la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.


Johann Rudolf Rocker (25 de marzo de 1873 - 19 de septiembre, 1958) fue un anarcosindicalista, escritor y activista alemán. Un auto-profeso anarquista sin adjetivos, Rocker llego a la conclusión que las escuelas anarquistas representan "sólo diferentes métodos de la economía" y que el primer objetivo de los anarquistas era "garantizar la libertad personal y social de los hombres

rocker

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1 Comentarios:

Don dijo...

Hola

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Saludos

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