martes, 18 de mayo de 2010 | By: David Pardo

La bella anécdota del abuelo de Saramago

Seguramente todos conocéis al escritor portugués ganador de un premio Nobel José Saramago. Hace tiempo vi una entrevista que le realizó Juan Ramón Lucas en su programa “Noches como esta” y me llamó la atención una historia que contó acerca de su abuelo que fácilmente podría haber salido de la imaginación del escritor. Sin embargo, es una historia verdadera.

Cuando su abuelo… esto a mi me parece una imagen literaria esplendida, no sé si es verdad, pero cuentan las crónicas que cuando su abuelo supo que iba a morir, se despidió de los árboles de su finca abrazándolos uno a uno.

- De su pequeño huerto

De su pequeño huerto pero es cierto.

- Si, es cierto

¿Qué o quién abrazará usted cuando llegue el momento, si es que ha pensado en ello alguna vez?

- Mire… yo… Hay que saber donde uno va a morir, si me muero en Lanzarote, tengo, nosotros tenemos un jardín donde hay unos cuantos árboles pero yo no me veo levantándome de la cama, suponiendo que estoy en las últimas, levantarme para ir y repetir lo que ha hecho mi abuelo, porque repetirlo sería insultar su memoria. Lo que él ha hecho… era un hombre analfabeto, que vivió toda su vida siendo pastor de los cerdos que tenía, que vendía, que compraba… de las marranas… que en ese momento, cuando lo íbamos a llevar en el coche, en un coche a la estación de tren, le pasa esa idea de dirigirse al huerto, y abrazar a los árboles, porque se veía que no volvería, y además abrazarlos llorando.

A mí me parece delicioso.

- Esto no se repite, y esto si yo tuviera un blasón, pues tendría… mandaría poner en ese blasón un hombre abrazado a un tronco de un árbol, porque es de tal forma, puede pensar que ha salido de una imaginación literaria extraordinaria para inventar algo como esto.

Es verdad

- Pues no es cierto, ocurrió, ocurrió, y a mi realmente me da una especie de oscuridad profunda… como si yo hubiera hecho eso, que hombre podría a ver sido, esto se puede preguntar, y quizás yo haya hecho de alguna forma lo que podría ser suyo, que el premio Nobel no fuera mío, que fuera de él, ¿por qué no? Si la vida hubiera sido diferente, distinta, el novelista sería él, e iría a Estocolmo a recoger el premio, y yo ahora tendría tanto orgullo en ser el nieto de un premio Nobel como el que tengo de ser el hombre que cuando iba a morir se despidió de sus árboles llorando.

saramago3 Haz click en los enlaces para ver la entrevista completa Parte 1Parte 2Parte 3

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8 Comentarios:

Lorena Chavarría dijo...

el como personaje me parece una figura espléndida...pero no tenía idea de la anécdota de su abuelo...me pareció mágica.

Gracias por compartir con nosotros.

un abrazo

Tani dijo...

Preciosa anécdota, además leyendola y conociéndola de Saramago resulta más intersante.
Besos david, sigue mejorando

Felix Casanova dijo...

Hola David¡¡

Había visto esa entrevista pero no por ello deja de ser menos grato traerla a tu blog. Ya me contarás el secreto que tienes para con tus tortugas ¡eh¡

Abrazos¡¡

Stultifer dijo...

Jamás podría abrazarme al árbol de mi jardín...

Pepi dijo...

Yo vi esas entrevista, me encantó, y ya conté que leí su pequeño libro de memorias de su niñez, allí aparte de lo de su abuelo, narra las hermosas palabras de su abuela, donde dice que a ella le da pena de morir, por lo hermosa que es la vida, la tierra, las estrellas, a mí me pareció de una belleza extraordinaria. Besitos.

Gladys dijo...

Hermosa anécdota, nuestros abuelos al haber vivido en otra época, tenían ideas y costumbres diferentes a las nuestras, así que lo que para ellos a lo mejor era bueno a nosotros nos resulta un poco extraño.

Me ha gustado mucho tu post. Besos!

Tani dijo...

Todo bien? Te he notado un poquito ausente o no se si es mi idea. Solo quería dejarte unbeso y saber de ti

Besillos

Pepi dijo...

Que buen programa, y como lo extraño, al igual que las cerezas de Julia Otero, me encantaban los dos por sus entrevista. Ya en su día te comenté lo hermoso que me pareció ese recuerdo de sus abuelos. Besitos.

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